Cuando la suerte no sonríe
Todos desean que la suerte les sonría. ¿La pregunta es si la suerte sonríe? ¿a quiénes?. La suerte es como un espejo en el que buscamos secretos para una caminata segura o, por otro lado, un tesoro escondido que nadie puede encontrar. El tesoro brilla y no sonríe a nadie. Y la suerte es inteligente cuando actúa así. Ella brilla y no sonríe a nadie.
La imaginación popular coloca la suerte como un regalo que el destino les dará, como una forma de engañar las cuestiones de la vida siguiendo un atajo que nadie encuentra. Entretanto, la suerte nos encuentra.
Al final de todo, la suerte está escondida en algún rincón y va a sorprendernos, solucionar nuestros problemas, abrir los caminos y el mundo se convertirá en rosas.
Podemos imaginar que la suerte sea un ente, alguien que esté observando a la gente para elegir a cualquiera distraído o sin bienes, susurrando en su oreja algún secreto, dándole algún talismán o, simplemente, olvidando en medio de una calle un bien que va a regalar a alguien.
Como un ente, podemos imaginarla disfrazada. Y en medio de sus disfraces no logra esconderse. O, entonces, está tan escondida que nadie, o quienes creen en ella, pueda verla.
La suerte es sorprendente, viajera y sale por el mundo. Y la oportunidad también. La suerte podría ser la oportunidad que no dejamos pasar. Aquel momento en que nuestra mente atisba lo desconocido y nos hace felices.
Ella puede disfrazarse o estar visible y nadie puede verla. Aquel que la ve disfraza su caminata hacia ella, la pone bajo los brazos y desaparece en la esquina. Es como un ladrón afortunado que se esconde en la suerte y sonríe satisfecho.
Quizás, la suerte no sea eso: como ser afortunado en la lotería o encontrar la suerte puesta en algún rincón oscuro. La suerte, quizás, sea más que eso. Muchos vencedores muestran sus cualidades como fruto del trabajo y la perseverancia. Entretanto, si pensamos bien, pueden ser afortunados, dueños de una suerte que tuvieron y ni saben lo que es la suerte. Ellos solo dicen que es fruto del trabajo y no de una cuna afortunada.
Nuestra suerte comienza cuando nacimos. Y como nacemos va a ser toda la diferencia. Si venimos de una clase rica, tenemos una salud fuera de lo normal, una forma de pensar que hace toda la diferencia entre todos. Podemos aún tener un tipo físico que se convierte en racismo o elogios. Nuestra suerte está establecida en este momento: de dónde venimos.
El disfraz de la suerte no es un disfraz. Ella es libre, y la suerte de cada uno no está disfrazada, ella es. La condición social que vivimos es la suerte o el azar disfrazados. Nos envidiamos de quienes viven una vida buena y decimos que son afortunados. Y son afortunados quienes nacieron con todas las condiciones para progresar, desde que deseen mejorar sus vidas. Quienes no aprovechan esta oportunidad no pueden quejarse de nada. A los que luchan todos los días y son perseverantes y tienen la suerte de ser como son.
Entretanto, hay momentos… que…
Origen de la foto: Foto de Charlie Firth na Unsplash
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