
Para identificar al enemigo
Un enemigo no es fácil de lidiar. Él vive cerca de nosotros, en las sombras, a nuestro lado y no lo notamos. Un enemigo puede ser uno o pueden ser muchos alrededor. Un enemigo nos mantiene siempre alertas y listos para reaccionar. Un enemigo puede ser un amigo, un día, y, por algún motivo, convertirse en adversario. Un enemigo es más que un ser humano listo para golpearnos. Un enemigo hace parte de nuestra vida y es casi imposible ignorarlo.
Existen dos tipos de enemigos: aquel que puede golpearnos de repente y el enemigo que inventamos. El primero puede ser una presencia física o un ente cualquiera, quizás un evento. El enemigo que inventamos proviene de nuestras imperfecciones y de un cuerpo inarmónico; enfrentarlo es una dura tarea.
No siempre tenemos las armas suficientes para ello. Mientras tanto, ese estrés, él, el enemigo, nos mantiene inmovilizados, siempre mirando a los lados y sin confiar en nadie.
Siempre oímos decir que hay que mantener a los amigos cerca y a los enemigos aún más cerca para estar atentos a lo que intentan hacernos, lo que nos lleva a una vida nerviosa y tensa, todo el tiempo.
Sin embargo, también construimos enemigos. Podemos crearlos cuando hacemos el mal a alguien de forma voluntaria, o también sin que nos demos cuenta. Un comportamiento de niño puede dañar a alguien.
En nuestro interior, albergamos algunos enemigos que provienen de nuestra inmadurez y de nuestra cobardía. Nuestros miedos, nuestros odios y nuestras querencias pueden convertirse en fuentes que construyen, a todo momento, un nuevo enemigo.
No es suficiente mirar a los lados para defendernos de los enemigos que viven dentro de nosotros. ¿Cuántas veces el miedo nos impidió concretar nuestros deseos? ¿Cuántas veces el miedo nos impidió decir a alguien que le amábamos? Y luego lo vemos a él o a ella seguir con sus vidas y, quizás, siendo valientes, podríamos haber cambiado el rumbo del tiempo y de nuestras vidas. ¿Cuántas experiencias dejamos de lado porque el miedo nos impidió? ¿Cuántas veces odiamos a alguien hasta arruinar su vida? Nuestras envidias, cuando nos sentimos inferiores, cuando abandonamos nuestras estrategias para volcar nuestras energías en golpear a alguien. A menudo, al otro nunca le han importado nuestros comportamientos. Acumulamos nuestros odios y, al final, ni sabemos por qué.
Lo peor de todo son los apegos. Cuando no logramos realizar nuestros deseos, no solo por el miedo, sino porque somos temerosos de cambiar nuestras vidas, a abandonar nuestra zona de confort y de disfrutar del mundo. Es una paradoja ese apego a las cosas que no teníamos antes de nacer. Construimos cosas y no somos capaces de romper con el pasado y así no construimos el futuro con las mismas ganas.
Nosotros somos, al fin y al cabo, los grandes enemigos de nosotros mismos. Si no tenemos ninguna enfermedad, intentar hacer las cosas que deseamos es la mejor forma de enfrentar al enemigo.
Origen de la foto: Foto de Erwin Bosman na Unsplash
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