
Deseos de hacer
No hacemos nada sin un proyecto ni por no tener ganas de poner en marcha nuestros planes y alcanzar nuestros deseos, sino que una cosa lleva a la otra. Los proyectos son importantes para nuestras vidas para predecir el futuro u objetivos, según nuestras posibilidades. Pues es importante decir: un proyecto adecuado a nuestros límites. No podemos soñar con cosas imposibles. Son objetivos que van a fracasar y a frustrarnos; hay que ir hasta donde nos alcance el sombrero.
La pregunta es: ¿dónde está nuestro deseo? Sí, el deseo cumple un papel importante en nuestras vidas. Acostarse en la cama pensando e imaginando qué sucedería si… Este “si” es un eterno sueño y continuará siendo un sueño hasta el final de los tiempos.
Nuestra vida es limitada y la edad coloca obstáculos adelante y, además, los deseos se convierten, simplemente, en deseos, y nada más.
Por eso, debemos empezar nuestros proyectos cuanto antes y prepararnos para el fracaso. Sin embargo, el fracaso es un componente importante también. Puede ser la mala suerte y, si le ocurre, es posible que luego se convierta en buena. Nos recordamos siempre que no tenemos la buena suerte en los momentos necesarios. Cuando la mala suerte ocurre, hacemos de esos cambios no una victoria, sino algo cotidiano, cuando en realidad no lo son.
El fracaso puede ser un error en nuestro proyecto y puede ser reprogramado o pospuesto y, nuevamente, volvemos al trabajo.
La enseñanza es que cuando deseamos algo, no es solo cuestión de arriesgarse. La enseñanza es que podemos dejar pasar el tiempo, interrumpir la caminata y así no cumplir con nuestros objetivos. La clave está en no permitir que el tiempo pase y debemos ser valientes para hacer las cosas y aprovecharlo en nuestro beneficio. Los perezosos no tienen oportunidad contra aquellos que deciden dar un rumbo a sus vidas.
Las cosas pasan, excepto el deseo y las ganas de hacer que las cosas sucedan. Cuando miramos al futuro y pensamos en nuestros objetivos, y estos parecen lejanos, como la utopía que siempre da un paso atrás cuando logramos avanzar, es ahí cuando el sueño empieza a convertirse en realidad. El deseo es un ser que está en nuestro interior y no lo valoramos. Los que no tienen el deseo dentro de sí mismos no tienen nada más que hacer en el mundo.
El deseo de hacer también está conectado con convertir el deseo en una obsesión, un destino. Cuando se desea algo, no se mira a los lados, pensando en los obstáculos, que son muchos. Los deseos más simples y hasta los inalcanzables tienen algo en común: pertenecen a las personas especiales.
Cuando alcanzamos la vejez, comprendemos que abandonamos nuestros deseos a lo largo de la caminata, cambiándolos por cosas que no nos dieron tanto. Son los obstáculos que nos distraen o el tiempo que dejamos pasar, sin aferrarnos a él.
El deseo es un tren que pasa y no nos embarcamos en él, porque imaginamos que no somos capaces de ser uno de sus pasajeros. Sin embargo, ¿Quién puede decir que somos incapaces si no probamos que lo somos? Tal vez sea porque, simplemente, no ejercemos nuestro arte de desear.
Origen de la foto:Foto de Carolien van Oijen na Unsplash
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