
¿Quién es el jefe?
El poder, para algunos, es todo en la vida. No estamos hablando solamente del poder del dinero, político o cualquiera. Estamos hablando de un tipo de poder que es fascinante no solo para el poderoso, sino también para aquellos que estén sometidos a él. Consiste en diseminar ideas que están encubiertas tras simples sugerencias, una idea que se siembra en la mente de los que son tierras fértiles para ellas.
Existe el poder de los hombres, el de los poderes básicos que conocemos y de los que hablamos anteriormente. Y también existe el poder que no está en el hombre, pero que él afirma poseer, justificándolo en un ser que está más allá de nuestra comprensión y en él que se cree. Por eso, es necesario cultivar una idea y dejarla esparcirse por las mentes que están listas para recibir su semilla y florecer.
Una idea no proviene de la nada. Una idea es algo que flota en el aire, siempre lista para ser capturada por alguien. Existe el cazador cotidiano que siente su olor, siente su perfume y, siendo oportunista, la transforma en palabras, discursos para salir en la búsqueda de quienes están listos para esparcirla por el mundo.
Todos nosotros tenemos una debilidad, un punto frágil que es nuestra puerta abierta para algún tipo de idea que nos atrae, no solamente por sí misma, sino que se amolda a nuestros deseos.
La política, el mundo de los negocios, las religiones, las sectas son los apoyos para que las ideas florezcan, porque son posibles y aceptadas por algunos o por todos como el lugar ideal para ellas. Ningún estafador o aprovechador o similar elige un lugar fuera de este circuito para establecerse, porque allí están todos los que pueden aceptarlas y listos para donarse a ella. Ambos, estafadores y engañados, tienen puntos en común: desean lograr algo y liberarse para disfrutar de sus codicias.
Sin embargo, para eso es necesario un mentor, alguien que esté por encima de todo y a quien se considere el jefe.
Puede ser una figura despreciable o no de la política, o un icono de los negocios, siendo real y un ejemplo, o solo un aventurero que conquiste a todos, o un ser divino, siempre dispuesto a satisfacer los deseos de alguien. Una máquina bien ajustada y creíble, con discursos listos para conquistar a quienes nada tienen y anhelan un cambio o alcanzar objetivos rápidamente: los codiciosos, tan ladrones como sus propios mentores.
En esta máquina de destruir corazones y mentes, la pregunta es quién está, en realidad, al mando. ¿Quién es capaz de controlar todo?
La codicia es el pecado que lo garantiza todo. Ser codicioso es ser ambicioso, quizás con sutiles diferencias. Las armas que utilizan, sin embargo, son muchas. No existe un estafador sin otros que deseen ser como él. Todo es un juego. Observarlos desde lejos no siempre es seguro; ignorarlos, tal vez, sea el único camino para no ser comandado y no convertirse en un aspirante al mando.
Origen de la foto: Foto de JESHOOTS.COM na Unsplash
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