Cuando el amor pasa al lado
Cuando el amor pasa al lado, él es solo un cambio de miradas, un mechón en el cabello que alcanza nuestros ojos, un cuerpo que nos calienta antes de que se enfríe o un encuentro de pieles. Es una timidez, no la osadía, que lleva a los amantes a acercarse, como si tuviesen temerosos ante un tesoro que el tiempo escondió y que el destino, ese desorden humano, hace acontecer.
No es como acercarse para conquistar con expresiones ensayadas y preguntas listas como si un juego de ajedrez se anunciara, intentando cada uno ser aquel que va a dominar el romance o una lucha de conquistador y conquistado. Es más que costo y beneficio que pérdidas y daños.
Es un temor a que nada caiga, bien que estemos seguros de que, al cambiar miradas, vamos a desafiar el mundo, aunque podamos sentir amargura por alcanzar el vacío.
Es la búsqueda de palabras que proviene del corazón más que de la mente. Es un tartamudeo que la mirada llena de esperanza aguarda para decir, nuevamente, y más fuerte, que “también te quiero”.
El amor está escondido en la invitación para ir al cine, al teatro, encontrarse en la plaza, sentarse cómodo y confortable en el césped. Él empieza al tocarse las manos que se acercan durante la caminata, como si fuesen el uno para el otro. Es un encuentro luego de una larga espera, el sorprenderse atados a una red firme y, a la vez, caliente y confortable como si una fiesta se acercase.
Un viento que llega por nuestras espaldas y nos mueve al primer beso, tanto imaginado y disfrutado por tanto tiempo, que imaginamos el olor, el sabor y su gusto, seguros cuando los rostros se aproximan y se encuentran.
Cuando el amor pasa al lado, sentimos ganas de tenerlo y el amor ama a sí mismo, pues él es único.
Origen de la foto: Foto de Dmitrii E. na Unsplash
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