
Incienso y llama
El incienso desata su perfume cuando se quema. Él se consume por entero y forma una nube de luz, y su olor se esparce para cambiar la realidad, convirtiéndola en recelo. Su apariencia es ruda. Y cuando al final de todo se acaba, él es ceniza y madera contorsionada.
Así también es la vida. Cuando despertamos para el mundo como una rama que se alza y toma forma, crecemos hasta que algún fuego nos queme para convertirnos en perfume y llenar el mundo. Algunos de nosotros, sin embargo, somos perfumes y algunos de nosotros somos solamente la madera que se quema.
Somos hechos de materias distintas. Cuando despertamos para la vida, no tenemos idea de lo que vamos a ser o hacer porque somos solamente deseos. Podemos identificar, entre nosotros, personas que desprenden un perfume intenso, aunque sean maderas que se queman. Así como los pequeños frascos tienen las mejores fragancias porque son difíciles de fabricar, tenemos los más grandes y las maderas más bonitas, pero no son capaces de encantar al mundo.
Solamente un fuego especial puede despertar los perfumes más intensos. ¿Podemos encender el fuego en nosotros mismos o necesitamos a alguien o alguna razón para eso?
Las acciones heroicas son valientes y sorprendentes inciensos. Es el momento en que el héroe se va y se quema para salvar a los demás. Es la admiración que sentimos por él la que se convierte en el perfume que sentimos.
A veces, los más bellos o las más bellas no son capaces de perfumar el mundo todo el tiempo. Son maderas que se queman muy rápido y sus perfumes se van con el viento. Los perfumes son así: algunos son cosas baratas y comunes, y otros son cosas raras y difíciles de encontrar.
Algunos se perfuman para parecer lo que no son. Otros no necesitan nada para mostrar lo que son.
El incienso necesita de la llama para mostrar lo que es. Y nosotros necesitamos encontrar aquel o aquella que va a incendiar y mostrar lo que somos capaces de hacer.
Entretanto, no siempre es la llama del amor la que despierta nuestros perfumes. Podemos tener un fuego en nuestro interior que nos incendia y nos inflama, para demostrar hasta dónde podemos ir. Ese es el fuego más intenso y bendecido. Aquel que nos ayuda a demostrar que somos capaces y nos hace despertar del limbo.
Para vivir, necesitamos mantener encendido ese fuego en nuestro interior, que nos motiva a aprender más. Porque la apariencia va cambiando con el tiempo, como la rama que se dobla con el viento. Pero necesitamos mantener encendida la llama de la vida, porque, sin ella, el incienso es solo madera quemada.
Origen de la foto: Foto de Caroline Attwood na Unsplash
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