¿Por qué hay sendas?
Cuando las caravanas viajan por las arenas del desierto, sus sombras estiradas en el piso son marcadas por el sol desde la cumbre de las dunas, como si ellas trotasen en un cielo de arena. Ellas vagan arriba de los valles en donde los granos amarillos se ponen suaves, cansados por el viaje del viento. Las caravanas trotan lentamente, contorneando el destino y las colinas y ¿por qué no se van en línea recta, por la parte más cercana?
Los viajeros que avanzan en las florestas contornean los precipicios y los huecos del camino. Se dividen cuando hay los árboles y rechazan los rincones oscuros en donde se esconden los animales venenosos, feroces para cazar, por curiosidad o recelo.
En todo el mundo, los caminantes de las sendas avanzan al mismo paso, como si una música suave tocase. Con el lento caminar siempre constante y suave escuchan el sonido de sus propios pasos, en el ritmo universal de los pies tragando los espacios.
Guerreros oscuros contornean los obstáculos, hacia un destino cualquiera, marcando sus pasos en el piso, en donde las plantas no crecen. El piso se convierte amarillento, rojo, arenoso, machacado por los pasos firmes de animales y hombres.
Vivimos en nuestras vidas en las sendas, en donde contorneamos obstáculos, mientras tanto ellas nos enseñan. En las sendas admiramos el paisaje que balancea delante de nuestros ojos, sea en la grupa de un animal o simplemente oyendo la danza de nuestros pasos. Y sentimos el sudor deslizándose en el rostro, lágrimas sin rabia, solo el cansancio, demostrando que el cuerpo reacciona llorando.
Las sendas son como son, caminos que contornean, llegan al destino, siguen las curvas graciosas y constantes. Ellas son la mezcla de miedo y disfrute.
Las sendas son caminos que aparecen en nuestros destinos, difíciles, estrechas, en donde vemos la vida pasar. La caminata sigue despacio, el momento en que la vida nos obliga a ver el paisaje, momentos de reflexión, de cuidarse hasta que la carretera libre y sin problemas surja. Si ella está escondida en el valle, entre los árboles y sombras, o en la cumbre de una duna en el desierto, demuestra cuánto somos pequeños. Ellas son felices y escondidas cuando pasamos a lo largo de ellas, perdidas en la floresta y al verlas sentimos el aliento y la esperanza de llegar a un destino seguro.
Nuestras vidas son sendas que debemos seguir, contorneando los obstáculos y admirando el paisaje. En el inicio somos rehenes de los guías y luego estamos solos o quizás en la compañía de alguien.
Origen de la foto: Foto de Judith Frietsch na Unsplash
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