En nuestros adentros
Si guardamos un rencor en nuestros adentros, es como haber un volcán en el cuerpo. El mundo nos pide nuestra compañía, para conversar con nuestra humanidad, como nosotros somos delante de la vida y compartir con el prójimo. Cuestionar una opinión distinta, arriesgarse o no, lo importante es preguntar a nosotros si vale la pena abrir esa puerta. O sea, si vale la pena responder a alguien sobre algo espinoso.
Las opiniones son distintas, y hoy en día no son inofensivas como antes. O nunca fueron. Nos sorprendemos en charlas en las redes sociales, aunque existan los robots que lanzan piedras en aguas limpias, y nos dañamos en debates insanos.
Algunos podrán decir que es una fantasía, no son robots sino personas. Pero, en el mundo virtual, las personas son construidas muy fácilmente.
Si colocamos comentarios racionales para cuestionar a las personas, es seguro que no seremos respondidos, y al contrario, si son absurdos, los contestarán. O sea, la gente que no logra contener su rabia interior cuestiona la nada.
Es cierto que mantener nuestros sentimientos en nuestros adentros es una tarea dura. Guardar en los adentros los sentimientos es como guardar un volcán listo para explotar. Entonces, pienso que en la vida tenemos puertas diversas que pueden dañarnos y nos preguntamos si debemos abrirlas o no.
Si vemos una casa, podemos percibir por su aspecto si vale la pena conocerla, porque podemos encontrar un desierto en su interior. Estar en silencio es no ver el desierto. Porque no es posible buscar algo en donde no percibimos poder encontrarlo.
La cuestión es cómo descargar eso. Los caminos son difíciles. Algunos logran, otros no. Rechazar lo que nos provoca daños es una tarea que debemos hacer siempre.
Si alguna puerta se abre y ella nos pregunta lo que pensamos sobre algo, y sabemos que no hay nada interesante detrás de ella, la respuesta lógica sería decir que para pensar en algo es necesario que lo estemos buscando. Y por cierto, no estaríamos buscando justo allí, en puertas sospechosas. La mejor estrategia para contener nuestros anhelos es impedir que el otro nos contamine. A menudo, los cuestionamientos supuestamente inocentes son aquellos que nos mantienen en una atmósfera de locura.
Contener nuestros instintos es mantener la sanidad. Es contener nuestros instintos para construir algo en nuestros adentros: es aprender con la soledad. Soledad es la compañera más fiel que tenemos hoy. Más allá de la soledad, debemos mantener una solidaridad con nuestro cuerpo y mente. Es un ejercicio, es una provocación que debemos hacer con nosotros mismos.
Expresar nuestros sentimientos puede ser una forma de descargar la rabia en nuestro interior. Sin embargo, nunca debemos permitir que la ignorancia sea una puerta que la vida nos ofrezca. Pero no debemos utilizarla para que nuestro hastío o nuestro anhelo la abra. Mantener la mente saludable es no abrir esas puertas. Ese ejercicio, en el futuro, va a enseñarnos a reflexionar. Él será importante en el futuro para convertirnos en una mejor persona, lista para enfrentar la ignorancia.
Origen de la foto: Foto de Juan Rumimpunu na Unsplash
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