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Olvidos y tropiezos

        A veces, nos olvidamos de lo que hicimos antes, en el pasado, para demostrar que somos modernos y conectados con el mundo actual. Nos olvidamos de lo que hicimos personalmente y de lo que hicieron los demás. Ninguna historia empieza sin una base que la sostiene. Y la historia, en este caso, es muy importante.
        Nuestros antepasados, aquellos que se quedaron en los recuerdos de las fotos y de las historias que nos contaban, son como arroyos que nunca vivieron o árboles que nunca fueron plantados, porque desaparecieron en la tormenta del tiempo.
       En algunas comunidades en el mundo, que preservaron sus historias, los mayores son llamados cuando aparece una nueva ocurrencia que intriga a los más jóvenes. Porque los más jóvenes suponen que los mayores la vivieron anteriormente. Sin embargo, no es necesario vivir algo para mostrar experiencia en la búsqueda de soluciones. Lo importante es que las decisiones difíciles siempre ocurrieron. Lo más importante no es solucionar algo, sino colocarse bravamente delante del desconocido y distinto de todo lo que hemos visto antes.
         Desconocer los experimentos anteriores, guardados en los libros y en la memoria de los locales es como despreciar la propia cultura.
       Es común desdeñar aquello que ocurrió anteriormente. Verlo como cosa vieja y sin uso. Somos el mundo que heredamos, nada más que eso. Y somos los frutos de los errores y aciertos de nuestros antepasados. Nuestros padres no nos dejaron nada, en realidad. Nuestros padres aprendieron sus cosas en sus tiempos y como sobrevivir en un mundo que pertenecía a ellos. Nadie podrá saber cómo nuestros padres actuarían con las novedades de nuestro mundo. Y cómo vamos a sobrevivir a ello, solo el tiempo podrá decir.
       Entretanto, algo en la memoria de ellos va a darnos un norte. No es necesario un consejo o algo similar. Solo debemos comprender cómo ellos enfrentaron sus mundos conocidos. Porque el futuro, para nosotros, es el desconocimiento total y por eso es fascinante y aterrador.
        No debemos copiar a nuestros padres. Debemos ser mejores padres para nuestros hijos. En la niñez, cuando sentíamos miedo, llamábamos a nuestra madre o padre. Ellos siempre tenían una solución para nuestras cuestiones. Cuando crecemos, son otros los que llamarán por nosotros, y debemos estar listos para eso. Nuestros tropiezos pueden ser más grandes o más pequeños, si imaginamos cómo nuestros padres actuarían por nosotros o por ellos mismos.
        Rechazar la historia es no participar del futuro. Todo lo que leemos o vemos los demás ejecutaren es importante para nuestra experiencia de vida.
       Lo importante es que el choque de generaciones no debe ser una batalla. Si fuera, sería una batalla perdida. Somos generaciones que se complementan. Si miramos al pasado y vemos cuanto avanzamos en algunas cosas y retrocedemos en otras, es una señal de olvidos y tropiezos que caminan juntos.
       A veces, es clarísimo observar que viejos hábitos y pensamientos vuelven. Para algunos es fácil negar el pasado si las viejas ideas no se encajan con nuestros deseos. Para los demás, buscar lo nuevo es aprender con las viejas ideas. Algunos las olvidan y tropiezan, otros no.

Origen de la foto: Foto de Fer Troulik na Unsplash

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Nilson Lattari

Nilson Lattari é carioca, escritor, graduado em Literatura pela Universidade do Estado do Rio de Janeiro, e com especialização em Estudos Literários pela Universidade Federal de Juiz de Fora. Gosta de escrever, principalmente, crônicas e artigos sobre comportamentos humanos, políticos ou sociais. É detentor de vários prêmios em Literatura

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