Lo qué nuestros ojos ven
A veces nuestros ojos ven cosas que nos avergüenzan. La gente dice que cuando cerramos nuestros ojos a las cosas malas y dañinas, en realidad es un eufemismo, porque nuestros ojos están abiertos y fingen no ver, aunque las miremos con desprecio, indiferencia o apatía.
Si nuestros ojos sienten algo, solamente una lágrima o dos pueden decirlo. Nuestros ojos lloran mientras nuestro cuerpo, nuestra voz, nuestro oír silencian, callados y no tomamos ni siquiera un ademán con las manos para rechazar lo que vemos.
Nuestros ojos pueden ver la injusticia delante de nosotros y somos indiferentes porque aceptamos las cosas o no nos damos cuenta. Caminamos a lo largo de las calles, miramos adelante y ni siquiera bajamos los ojos para ver a aquellos acostados en las aceras con las manos extendidas y con sus ojos, que también nos ven, y los ignoramos aunque nosotros les vemos.
¿Somos malos a causa de ese comportamiento? ¿Esa indiferencia ante los demás?
Cuando miramos al pasado y recordamos la esclavitud, aunque la iglesia fuera condescendiente, criticamos a nuestros antepasados: ¿por qué esclavizar a nuestros semejantes, que solo eran distintos bajo el color de la piel? Decimos que fue la cultura de aquel tiempo, apoyada por los intereses más terribles. Nuestra mirada, en el pasado, solo mira los intereses personales de nuestros antepasados y todos lo aceptaban porque era así.
Criticamos a nuestros antepasados por eso.
Entretanto, si imaginamos que alguien proviene del futuro y nos invita, por cierto, nos cuestionaría ¿por qué la gente está acostada en las calles? Siendo que, en el futuro, ese problema social fue solucionado. Pues, diríamos que la cultura es así y que solucionarla es muy difícil y que la gente es muy complicada.
Sin embargo, nuestra mirada no ve que los mismos problemas del pasado existen hasta hoy, a través del racismo y del prejuicio. ¿En el futuro, los sin techos de hoy no serán vistos de la misma manera?
Nuestros ojos son más que ver y mirar a las cercanías. Nuestra mirada está de acuerdo con la indiferencia alrededor. Nuestra mirada es cómplice y, por cierto, la vivienda de nuestra vergüenza. ¡Qué paradoja nuestra mirada, nuestra ventana del alma, que se abre no para traer la luz a nuestro interior, sino para perpetuar la mirada para no ver y sentirla! Nuestra mirada iluminada no alumbra nuestro interior. Solo es una gran ventana que se abre cuando algo es bueno para nosotros y se cierra cuando la mirada mira pero no ve. Es como una cortina blanca que intenta esconder el mundo exterior de nosotros mismos.
Sentimos vergüenza porque nuestra mirada ve y esconde el mundo malo que vemos. Nuestra mirada está más allá de la indiferencia. Nuestra mirada es ciega y la ventana de nuestra alma es inhumana y se concreta donde el brillo se transforma en cosas buenas.
Origen de la foto Foto de Amanda Dalbjörn na Unsplash
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