Contra el mal
¿El perdón y el mal son totalmente incompatibles? ¿Si alguien nos desea el mal, es posible concederle el perdón? ¿Podemos imaginar que aquel que hace el mal, cuando finalmente se arrepiente, nos lleva a pensar que aquel pedido de tregua esconde solo una frustración porque no logró su intento? Y la pregunta es la misma: ¿Si fuera victorioso, sería justo con sus adversarios? ¿O intentaría extender el mal a los demás?
El mal se nutre del propio mal. Y aquel que lo hace, siendo victorioso, en los primeros momentos no tiene la intención de interrumpir su escalada maligna. Es igual que una caminata solo para perjudicar a los demás. Es un tipo de poder, esa insensibilidad delante del sufrimiento del otro. Es disfrutar del acto malvado. El mal, por sí mismo, puede ser una venganza, ¿pero sería la cura o la redención? ¿Es igual que la venganza que tiene poco tiempo para disfrutarse, y la cura o la redención podrán ser la continuación de la enfermedad?
“El mal es de una vez, el bien lo hacemos muy despacio”, según las enseñanzas del “Príncipe”, de Maquiavelo. Es como una ducha fría sobre los demás, es una forma de ratificar el poder de colocarse arriba de todos. Y colocarse arriba de los demás es efímero, es poco tiempo.
Muchas sociedades piden justicia, arrestando no a los que desafían las leyes, sino a aquellos que discrepan del grupo mayoritario. La justicia en este caso se convierte en linchamiento, cuando matamos a los que piensan de forma diferente, o intentan “deshacer” la sociedad cuando perpetran supuestos crímenes en contra de los dueños del poder. Por supuesto que los delincuentes deben recibir el castigo justo, para que nunca más vengan a cometerlos. ¿Y cuánto a los que luchan y no están de acuerdo con aquella forma de justicia?
Entretanto, cuando el mal alcanza el poder, solamente el mal puede dialogar con él. El mal es una lucha interna que se impone a los que ven en él la solución de todos los cuestionamientos. El mal es diabólico cuando ignora la humanidad, mientras el humanismo comprende lo diferente. El mal no respeta, el mal se alimenta y necesita cada vez más de dosis de maldad para sobrevivir. Nada resiste a la tormenta de su locura.
Una sociedad enloquecida no ve más allá de sí misma. Aunque sean justas, las luchas buscan el mal para sobrevivir. En realidad, buscan el mal para vencer, pasa lo que pasa.
El mal no estudia, no le, y es fusionado a las instituciones y a las creencias moralistas del grupo o persona. Es fusionado a las fuerzas de seguridad porque el mal necesita justificar su existencia. Ningún mal es mayor que él mismo. Él está en la cumbre de la incomprensión humana, poco se les da el prójimo, incluso a aquellos que luchan a su lado. Luego lucharán entre ellos mismos.
Si queremos luchar contra el mal, es necesario no contestarle igual. Intercambiar con él nos trae más incomprensión y refuerza la conexión entre los miembros del grupo.
Luchar contra el mal es ignorarle. Para aquellos que hacen el mal como una forma de vivir, el aislamiento es el mayor mal que pueden sufrir. El mal necesita del antagonista. Cuando no existen, el mal si pierde en si mismo.
¿Debemos combatir el mal con el amor? Creo que la indiferencia sea lo mejor.
Origen de la foto: Foto de Sander Sammy na Unsplash
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